sábado, 11 de mayo de 2013

Hacia el 40º Aniversario de la Toma de Astilleros ASTARSA, II


Imagen por Hebe González Sinópoli, intervención sobre un logotipo y estrella federal.


NAVALES: UNA EXPERIENCIA INÉDITA

Centro de Estudios del Trabajo (CET), mayo 1988, desgrabación de una mesa redonda con ex obreros navales de Astarsa y Mestrina.

PROLOGO

INTRODUCCIÓN

CAPITULO I

- Los comienzos

- La Agrupación

- Las elecciones

- La Toma

CAPITULO II

- La Organización del Astillero

- La politización

- La extensión

- Las dificultades políticas

- El comienzo del fin

CAPITULO III

NOTAS

Proximamente la transcripción completa desde un enlace.


Hacia el 40º Aniversario de la Toma de Astilleros ASTARSA


Imagen por Malena San Juan, intervención sobre un aviso publicitario de la época.


GRUPOS DE RIESGO AREA LABORAL, SECTOR INDUSTRIAL

Entrevista a Juan Díaz

Transcripción de entrevista realiza­da por Silvia Bravo en “Anteproyectos varios de interés actual”, Senado de la Nación, Dirección Comisiones, 1987

Nota de la redacción: Juan Díaz, es Rubén Díaz ("Negro" o "Polaquito" como lo llaman sus compañeros y amigos) autor de "Esos claroscuros del alma. Los obreros navales en la década del '70", Buenos Aires, El Sueñero, 1999.

Sr. Juan Díaz, Asesor trabajador en materia de salud ocupacional.

Lo que ocurre en mi caso personal es que trabajé en el Instituto de Me­dicina de Trabajo e integré una comisión obrera de control de la higiene y la seguridad. Entonces puedo tomar los dos aspectos del problema que a mi modo de ver son centrales.          
Uno de esos aspectos son las condiciones de trabajo en que los obreros desarrollan sus tareas. El otro es la manera en que los mismos obreros pueden ejercer el control de esas condiciones de trabajo. Esto es fundamental, por­que el trabajador ya no está delegando su confianza en la patronal o en el Mi­nisterio de Trabajo o en la posibilidad de que un médico de fábrica sea bueno.
Esto lo digo porque cuando un trabajador entra a una fábrica no sabe en qué condiciones de salud está. Por ejemplo, para entrar a una fundición pue­de ser que a la empresa no le interese mayormente el estado de salud de este futuro obrero; si está un poco enfermo igual entra. Esto depende de las condi­ciones que exija la empresa. En otros casos la salud del futuro operario debe ser óptima.         
En este momento, como sobra mano de obra se selecciona mucho al per­sonal. Las empresas se pueden dar el gusto de elegir las edades. El estado físi­co y el nivel de educación son aspectos que toda empresa tiene en cuenta, pero según las épocas se hace más o menos hincapié en eso. Por ejemplo, en cierto momento se pedía gente de entre 25 y 35 años. En períodos de alza en la combatividad de los trabajadores no querían gente de menos de 35 o 40 años; convenía, además, que la gente fuera casada y con hijos.
El ambiente de trabajo es un aspecto fundamental que hay que investigar mucho, porque realmente en la Argentina actual las condiciones en que los trabajadores desempeñan sus tareas es una olla podrida que de algún modo hay que empezar a destapar.
En el caso de la minería el 80 por ciento de los trabajadores tiene proble­mas pulmonares, no sólo uno sino varios: neumoconiosis, enfisema, etcétera. Pero además hay problemas cardiovasculares, óseos, algunos producidos por el ruido, psicopatológicos derivados de las condiciones de trabajo y también de las condiciones de vida. El estudio de todos estos factores tiene que hacer­se con un criterio totalizador. Fueron experiencias que se comenzaron y que habría que haber continuado. Por ejemplo, un obrero minero sabe que su fu­turo es la muerte. No sabe a qué edad puede ser: a los 40, a los 50 años, o pue­de ser que a los 50 años no le llegue la muerte pero quede inválido. Porque la neumoconiosis en determinado grado es irreversible; el minero no puede vol­ver a trabajar mientras viva.
Para el trabajador eso representa el hecho de que finalmente se acomoda a lo que le espera, vale decir que lo ve como una fatalidad. Y aun sabiendo que se va a morir, en algunos casos prefiere no pelear. Esto configura un gra­ve cuadro psicológico: además del miedo a represalias por parte del emplea­dor, hay una cuestión que está en la parte del salario que conforma la falta de infortunios.
Digo esto porque en la época de Martínez de Hoz una buena parte del sa­lario estaba dada por la asistencia al trabajo y por el premio a la producción. Perder un día de trabajo significaba perder una buena parte del salario, y en­tonces preferían ir al trabajo. Actualmente pasa algo parecido. No se denuncia un accidente y se continúa en otras tareas. Esto es muy frecuente en las empresas. Hay algunas importantes, en la Argentina, que publicitan el hecho de que hace 200 o 300 días que no ocurren accidentes. No es que no ocurran accidentes sino que no han sido denunciados. Sucede que al no ser un acci­dente relativamente grave, los obreros van al trabajo y allí hacen otras tareas. Entonces, "no hay accidentes".
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En nuestro país no hay estadísticas prácticamente sobre nada relacionado con salud. En la OMS y en la OIT la Argentina figura en blanco.
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Me parece que en la Argentina una condición básica en este momento es la puesta en práctica, a través de los organismos sindicales, del Estado o de las propias comisiones internas, cuerpo de delegados, seccionales, etc., de la participación obrera en el control de la producción. Porque no hay garantía de que el Estado o las entidades sindicales se ocupen de eso. El artículo 14 bis de la Constitución es claro en cuanto al control de la producción. Yeso significa mucho, en líneas generales. Es mucho más que el control obrero de las condiciones de higiene y seguridad: significa también el control de la producción y la participación en las ganancias.             
Entonces, la filosofía general ampararía el hecho de las comisiones inter­nas. Pero no sé dónde se desarrolla esa cuestión o si es comprendida cabal­mente por las organizaciones o por el propio trabajador. Teóricamente, a tra­vés de esas comisiones se generarían hechos muy importantes dentro de la organización de los trabajadores.
Pero esto que digo sería teórico si yo no lo hubiera vivido; la experiencia que nosotros tuvimos fue muy importante aunque no haya sido larga, sobre todo la transformación que de alguna manera sufrimos todos a través de esa experiencia.
Una de las claves es que haya paritarias. Ahí puede ser que se discutan problemas salariales. Para discutir condiciones de trabajo es necesaria una preparación: en principio la comprensión de la ley (la 19.587) y luego las condiciones particulares en que se desenvuelven los trabajadores en determinados gremios. Esas condiciones son muy diversas porque en un mismo gremio puede haber empresas con maquinarias obsoletas y otras con maquinarias en buenas condiciones.
Puede ser cierto que con la lucha por lograr la insalubridad se esté cam­biando salud por plata. Tal vez en este momento no se puedan brindar solu­ciones muy importantes, pero la experiencia nos indica que en el astillero, mientras funcionaron las comisiones de seguridad e higiene no ocurrieron accidentes graves en ningún caso. Hablo, por lo menos, de los dos astilleros más importantes de la zona, Astarsa y Mestrina, cuando habitualmente era bas­tante común o un "signo" del gremio que cada barco se llevara uno, dos o tres muertos.
A partir de nuestra gestión se empezaron a mejorar inclusive las condi­ciones de la producción. Se modificaron algunos aspectos de ésta. Por ejem­plo en el astillero donde yo trabajaba funcionaba, por supuesto, la sección Arenado. En ella se usaba arena para pulir los metales, para después pintar­los. Era la manera más fácil de hacerlo. Esa sección se encontraba en el medio del taller. Pero gente que estaba en un radio de 20 o 30 metros también sufría los problemas de la silicosis. Había que cambiar entonces esa situación o de lo contrario toda la gente que estaba ahí tenía que obtener la insalubridad de su tarea, aunque su trabajo específico no lo fuera. Y el astillero decidió cambiar esa situación.
La situación particular de cada trabajador se discutía con el cuerpo de seguridad de la empresa. Este cuerpo estaba formado por técnicos en seguri­dad. Además nosotros teníamos nuestra comisión obrera de control de seguri­dad. El Instituto (de Medicina del Trabajo), en el momento en que yo me de­sempeñaba ahí, asesoraba a los trabajadores -a través de las comisiones obreras, cuerpos de delegados, etcétera- sobre condiciones de trabajo. Se dictaban cursos, seminarios y se investigaba. Además, la Universidad Tecno­lógica Nacional tenía sus propios técnicos, que trabajaban en conjunto con nosotros y efectuaban inspecciones en fábricas.
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Una cuestión que surge bastante a menudo, con respecto a ciertos traba­jos insalubres, es de qué manera un empresario puede resolver los problemas de ruido, por ejemplo, en determinada sección de la fábrica, ya que si tuviera que adaptar totalmente las máquinas productoras de ese riesgo que es el rui­do, el costo sería tan elevado que tendría que cerrar la fábrica para poder cumplir con la legislación.
El planteo, a mi entender, es tremendista. Lo que sucede es que jamás se llega al punto de medir cuáles son los parámetros viables para la salud del tra­bajador y tampoco se llega a modificar la maquinaria. En países más adelantados la modificación de las máquinas la hace fundamentalmente el propio trabajador. Este vive una intimidad con la máquina; es el único que la conoce casi a la perfección, y los que la diseñan también, porque si bien son trabaja­dores tecnificados, son trabajadores al fin. Entonces el operario es el único que la puede hacer producir y también no producir.
Esto lo podemos ejemplificar así. Actualmente trabajo en una carpinte­ría. Si yo tuviera tiempo y el patrón tuviera ganas de emplear determinado tiempo en modificar la máquina que manejo, lo lograríamos juntos. Es decir, habría que ver la manera de que esa máquina fuera menos ruidosa, menos pe­ligrosa, que sus contaminantes derivaran hacia otro lado. En un estableci­miento donde son muchas las máquinas que producen ruido, siguiendo con el ejemplo anterior, habría que llegar, de alguna manera, a esos parámetros y no a que el empresario pensara que es mejor cerrar la fábrica. No creo que el propietario de las máquinas acceda a eso sino que, más bien, tiene que ser "accedido", de alguna manera, llevándolo a ese terreno. De lo contrario, ja­más él, por sí mismo, va a determinarlo. Porque de hecho su mentalidad hace que entre la productividad y la salud del trabajador se quede con la productividad. No sólo en la Argentina sino en muchos otros países existe esa mentali­dad. Habría que llevar al empresario a cierto grado de comprensión del problema.
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Se dice por ahí que en las empresas grandes, por ejemplo en las automo­trices, no hay actualmente un solo caso de saturnismo. Pero hasta hace unos diez años, en la sección Pulido de una gran empresa automotriz, donde traba­jaban alrededor de 800 operarios y se pulía la carrocería con estaño, que contie­ne plomo, la situación era muy grave. Solamente mencionar el hecho del puli­do está ligado al saturnismo. Los operarios contaban que todo era gris en el taller: las ropas, las caras de ellos. La última reunión importante que tuvi­mos en el Instituto en el 74 fue con esa gente. Ellos se dirigieron a nosotros porque a través de un volante habían circulado noticias sobre las consecuen­cias que produce el saturnismo. No pudimos satisfacer mucho su pedido por­que ya nos íbamos. De todas maneras, meses después me enteré de que esa sección había parado por el problema del plomo. Y entonces optaban por de­rivar el trabajo a una empresa que contrataban, para que ese trabajo se hicie­ra afuera. Pero el problema subsiste. Puede ser que actualmente el contacto haya disminuido porque trabajan en cámaras bastante aisladas. De todas ma­neras, nadie se encarga de la gente que hace el trabajo afuera.
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Otro problema relacionado con las condiciones de trabajo se refiere al cumplimiento de las normas legales. Escalonar la obligatoriedad de cumplir con dichas normas es un criterio que, en principio, no me parece malo. Es una posibilidad. ¿Cómo se podría poner en práctica? Sabemos, por ejemplo, que en los mineros el problema más grave es el neumoconiótico, además de otros que también revisten especial importancia. Entonces, atacar esa primera o primeras enfermedades y luego seguir con las otras estaría bien. Pero hay que hacerlo. Sabemos que hoy, en nuestro país, prácticamente no se ataca ningu­na de esas enfermedades en ninguna rama de la producción.
Es cierto que se hacen o deberían hacerse inspecciones para controlar el cumplimiento de la legislación. Pero tengo la impresión de que esta cuestión está bastante viciada. Creo que, en líneas generales, no hay otra posibilidad, con respecto a la situación en la Argentina, como no sean las comisiones obre­ras, ejerciendo cierto derecho en el ámbito del trabajo.
Esto de la participación obrera es fundamental para mejorar la situación. Además, no es que al trabajador le guste trabajar 10 o 12 horas diarias sino que está obligado a producir, porque es su vida. En cuanto al resto, no estoy seguro acerca de si determinados industriales siguen produciendo porque sí, porque están ganando mucha plata y no lo dicen o si prefieren derivar sus ga­nancias hacia la especulación. Eso no lo sé bien. Y el trabajador es tratado, como sabemos, sin grandes derechos …
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Con respecto a la atención médica del trabajador, si éste no confía en los organismos patronales, el médico de fábrica o la clínica de fábrica, le queda el recurso de las obras sociales de los sindicatos. Pero ése es otro problema.
En líneas generales la socialización de la medicina es un gran avance res­pecto de lo que era la estructura médica en la Argentina. Sin embargo, para el trabajador hay una cosa que le falta cumplir, y es la relación médico-paciente. En la socialización de la medicina esta relación prácticamente no existe. La empresa de curar y curarse hace la relación entre el médico y el paciente. Es una empresa común. Pero voy a esto: la relación médico-paciente es siempre una relación íntima, precisamente porque es una empresa común en la cual hay que salvar o curar a una persona. Y no solamente es el hecho de curar el médico sino de curar-se, curar-me. Entonces, la socialización de la medicina tiene como defecto el hecho de que esa relación médico-paciente casi no exis­te, porque hay muchos especialistas, el paciente pasa por muchas manos, etcétera.
Pero además, en el caso de las enfermedades profesionales, el trabajador profesional está expuesto a un sinnúmero de problemas dentro de la fábrica. No existe solamente el riesgo que puede producir inconvenientes de orden fí­sico sino que hay muchas posibilidades de sufrir problemas psicológicos que pueden acarrear determinado tipo de trabajo, las tareas repetitivas, la fatiga, el estrés, los constantes cambios de horarios, etcétera.
Por estos motivos la relación médico-paciente debe ser muy cercana, para que de alguna manera el médico empiece a conocer el cuadro general de la salud del trabajador.
Además, como el trabajador no tiene por sí un control médico, nunca sabe en qué condiciones se encuentra, ni cuando entra a una fábrica ni cuando lo revisa el médico de la patronal, de dentro o de afuera del establecimiento, ni cuando concurre a la obra social. Se encuentra, de esta manera, totalmente desamparado.
Por el contrario, si aceptamos la existencia de las comisiones obreras de control y seguridad, los mismos trabajadores pueden, a través de libretas sani­tarias individuales y generales de la fábrica, comenzar a tener un cuadro clíni­co personal y general de su salud. Mi idea es que cada trabajador tenga para sí su historia clínica. Esta experiencia la hicimos en nuestro astillero. Cada per­sona que iba a ver al médico de la fábrica o a la clínica de la empresa llevaba su libreta; en ella se registraba nombre y apellido, qué trabajo hacía, cuántos años hacía que estaba en la empresa, el diagnóstico y la medicación, con la firma del médico. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

1º de mayo Día Internacional de los trabajadores. Disertación de Luis en el Foro




Primer Encuentro del Foro “Trabajo y Salud Mental” organizado por la Asociación de Psicólogos y la Red Iberoamericana de Factores Psicosociales y Laborales, 1º de abril de 2009, Buenos Aires.

Disertación de Luis Benencio, presentado como "dirigente sindical, integró la Comisión de Obreros, la primera de su tipo en los Astilleros Astarsa, que tomó a su cargo el control de la seguridad para la prevención de accidentes laborales en dicha empresa. Participó de los cursos de formación en Salud Laboral  y en las Jornadas de Salud de los Trabajadores organizados por el Instituto de Medicina del Trabajo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Fundó el Centro de Estudios del Trabajo".

En realidad vengo a charlar. ……… cuando nosotros tomamos la fábrica, y tomamos el control obrero el 21 de diciembre, recurrimos al Instituto de Medicina del Trabajo y …….. no creo que dé bien el examen, pero voy a tratar de decir algo.

En mi vida, digamos, hay tres etapas con respecto a este tema.

La primera etapa tiene que ver con mi experiencia como obrero en los astilleros Astarsa, en la que, como decía Deolidia, y es cierto, lamentablemente también tengo  que hablar de las desapariciones, de las muertes, y de lo que impactaban en nosotros. ¿Qué es lo que quiero decir? Mi ingreso a Astarsa fue en los años 70, yo entré en el 72 y estuvimos hasta el 76, en que ……… nos sacó. Esta primera etapa como obrero naval, fue una experiencia muy dura, muy cruda. Yo no había hecho la colimba, no había hecho nada y de repente entro a descubrir que la industria naval es una industria muy fuerte, donde los trabajos son muy duros, donde los juegos entre los laburantes son juegos duros; para que ustedes tengan idea, por ahí venía un día y el cofre te lo violentaban,  por ahí salía del cuarto y el guinche te volaba sobre la cabeza. Digamos que por la característica del trabajo, había mucha agresión, mucha violencia muy fuerte. Ustedes le podrán dar un nombre técnico, yo la cuento como la sentía. Y esa experiencia era acompañada por algo que era peor: los que estábamos ahí nos empezábamos a enterar que cada barco que se construía –la construcción de un barco tarda un año y medio o dos- se llevaba uno o dos vidas. O sea, por cada barco que se construía, inexorablemente uno o dos compañeros tenían que morir, porque no había posibilidad de otra cosa. Esa era la lógica de la patronal. La lógica de la patronal: lamentablemente, nosotros hacemos todo lo posible para que no haya accidentes, pero hay cosas que son inevitables.
¿Qué hicimos un grupo de jóvenes que empezamos a trabajar ahí? Primero, empezar a rebelarnos contra esa lógica. Y la única forma de rebelarnos era ir construyendo en conjunto una agrupación, algo que nos nucleara y nos posibilitara en algún momento rebelarnos contra esta lógica. Esta rebelión se dio en una etapa muy especial del país que fue en junio del 73. Ubico tiempo y espacio porque me parece importante: gobierno de Cámpora, para mí, en lo personal, cuarenta y nueve días o más de mayor libertad de mi vida, de los sesenta y cuatro que tengo –y no soy peronista, lo aclaro-. Son los días que yo viví con mayor libertad. Sobre fines de mayo, en un doble fondo de un barco, se nos incendia un compañero vivo, cuando sale el fuego se aviva, y termina carbonizado, es llevado al hospital y a las horas falleció. Y los jóvenes, que  ya veníamos organizando cómo rebelarnos contra esto, decidimos tomar la fábrica en ese momento, con rehenes, los gerentes y el vicepresidente de la empresa. Mantuvimos el conflicto siete días, con intervención de juez, que mandaba todos los días para revisar cómo estaban los rehenes, con médico. Digo esto para diferenciar cómo los tratábamos nosotros a los rehenes de cómo nos trataban desde el 76 a nosotros. Bueno, ganamos el conflicto. Y dentro de las reivindicaciones que pedíamos –la reincorporación de los despedidos, liberación de presos políticos, aumento de sueldos…-, el eje central era el control obrero de las condiciones de trabajo. Pensado desde hoy, era audaz, porque era hacernos cargo de algo que no conocíamos. Era audaz. Y esto es interesante porque que fuera audaz era a su vez… Digamos, era una año de mucha fuerza; nosotros trabajábamos con JTP, estaban los Montoneros, y nos sentíamos fuertes. Y este conflicto nos dio más fuerza todavía. Nos encontramos con el control obrero de las condiciones de trabajo, porque era algo evidente, digo, saber cómo era la prevención, cómo era esto de …., cómo era esto de la ….. Por suerte articulamos nuestro desconocimiento de lo teórico, de lo técnico -pero con nuestro conocimiento como laburantes en el lugar de laburo- con los conocimientos científicos de los compañeros del Instituto de Medicina del Trabajo, que nos posibilitaba ir trabajando el día a día. También hicimos convenio con la Universidad Tecnológica para las mediciones de los gases, de los ruidos (el tema de los ruidos era un drama impresionante). Bueno, en este día a día de trabajar esta articulación de laburantes y técnicos, científicos, médicos, llevamos adelante este control obrero que duró unos tres años, del 73 al 76. En esos tres años se construyeron dos barcos y medio, y no hubo ni un solo accidente de trabajo, lo cual demostró que nuestra lógica era la que tenía razón y no la de la patronal, cuando la patronal nos había convencido de que tenía que haber accidentes mortales.
Este tema de los accidentes hoy en la Argentina en la mayoría de las empresas sigue existiendo, es un problema serio; yo siempre pongo cifras que son elocuentes: cerca de mil trabajadores en blanco se mueren por año por accidentes de trabajo. Si tomamos un período de diez  años, diez mil trabajadores; si contamos los que trabajan en negro, veinte mil trabajadores se mueren por año por accidentes de trabajo. Es un pequeño genocidio que sucede y que nadie lo toma. Esto que digo yo, serán diez mil, veinte mil, nadie lo toma en cuenta, no son temas que se tomen.

Bueno, esta fue mi primera parte, mi introducción al tema salud y trabajo. Luego viene la segunda parte. Cuando se termina la dictadura, nos juntamos con otros compañeros con los que habíamos trabajado este tema en los 70, ya en el 84, y formamos lo que llamamos el Centro de Estudios del Trabajo. ……… Estuvimos ocho años trabajando el tema de prevención, capacitación, investigación en el tema salud mental y trabajo. Y ahí nos tocó otra problemática -la de los 70 seguían estando-, se agregaba un fenómeno que no estaba en los 70, que era la flexibilización laboral. Nosotros en ese momento trabajábamos en varios sindicatos - …….. , Quilmes, ceramistas, publicidad, en fin, en varios sindicatos- y trabajamos estos temas. Sobre todo en la industria metalúrgica veíamos la crudeza de la flexibilidad laboral. ¿Qué significaba la flexibilidad laboral? En ese contexto histórico, significaba todos los días hubiera una devaluación del diez por ciento y los trabajadores tenían que salir a negociar mayor producción para poder aumentar su salario. O sea, iban los delegados, los sindicatos; al hacer presencia, bueno: “Nosotros queremos aumento de sueldo.” –“Sí, se los vamos a dar, pero ustedes tienen que ayudarnos a nosotros también, produzcan una o dos piezas más.” Y así, en esos años, uno veía cómo el trabajador terminaba destruido totalmente, porque aumentar la producción tiene un techo y la inflación seguía, diariamente o mensualmente.
Esa fue una etapa muy, muy difícil porque –también es cierto- a los sindicatos este tema les cuesta mucho, cuesta mucho que lo entiendan.
En todo caso –como decía Deolidia-, hasta capacitación prestamos siempre. Ahora, con la capacitación sólo no basta, es una parte. Cuando hay que llegar a trabajar en la producción, cuando hay que ahorrar tiempo, el tema de tomar medidas contra los riesgos es secundario, ahí ya se justifica todo, los sindicatos…  muy pocos lo toman. Yo sé que los docentes –tengo amigas setentistas- lo toman, pero en general no lo toman.
Bueno, en esos años trabajamos bastante y luchábamos bastante con los sindicatos para que nos dieran la oportunidad de poder profundizar en estos temas, con resultados bastante magros yo diría muy magros.
Después, yo tengo una tercera etapa que es hoy, en Judiciales.

Hoy estoy trabajando en la Federación Judicial Argentina, pertenezco al Centro de Estudios de la Federación. En esta última etapa, como la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, estaban los llamados muy grandes y el tema capacitación. Nosotros hacíamos capacitación en todo el país para los judiciales y ya estamos por hacer el segundo curso. Pero debo ser honesto, un poco lo que les decía recién: tiene como una primera etapa de entusiasmo donde algunos dirigentes piensan que con esto ya está. Son los primeros que te dicen: “che, hay que capacitar, capacitar, capacitar”, pero… En general, es así, aceptan que haya que capacitar. Ahora, yo siempre digo de ir  un poquito más a fondo. Como eso no lo pueden manejar, entonces les cuesta aceptar que lo que sigue es el trabajo; eso tiene que tener atado el manejarlo; se da mucho en el ámbito sindical en general. Darle una continuidad.

Digo, esa es más o menos mi experiencia. Piensen, hay cosas tan absurdas, tan ridículas, que trabajamos con una ley de higiene y seguridad hecha por el gobierno de Lanusse y reglamentada por el gobierno de Videla. Y ningún gobierno popular de los que pasaron desde ese tiempo, pudo mejorarla.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Un año con Luis


Hoy su cara está en todas las remeras ...

RE: Indicadores de trabajo decente en el Astillero Río Santiago

De: Luis Benencio Fecha: 12/07/2010

Para: Flia. San Juan

CLAUDIO

TERMINO DE LEER ESTE FIN DE SEMANA ESTE TRABAJO Y LA VERDAD ENTRE LO ESCUCHADO EN EL FORO ,Y ESTE RECORRIDO POR AQUELLOS AÑOS,CON LAS MISMAS PROBLEMTICAS DE RIESGOS,LA IMPOTENCIA ANTE LA MUERTE DE UN COMPAÑEROS QUE HACE UN RATO ESTUVISTE BROMEANDO ,LOS ARGUMENTOS DE NUESTROS PROPIAS COMPAÑEROS CUYOS ARGUMENTOS TIENEN QUE VER MAS CON LA LOGICA DE ANALISIS DE LA PATRONAL QUE CON LA NUESTRA ES DECIR LA DE LOS TRABAJADORES " TENIA QUE HABER DOS TABLONES Y HABIA UNO" COMO SI CON SOLO PONER UN TABLON MAS SE HUBIESE EVITADO EL ACCIDENTE"POR EL PREDIO DE UN ASTILLERO HAY PERMANENTEMENTE,INGENIEROS ,TECNICOS, RESPONSABLES DE CONTROLAR LA PRODUCCION ETC,PERO O CASUALIDAD SIEMPRE DE MATA UN OBRERO,CLAUDITO CADA VES ME CONVENSO MAS ESTO NO SE SOLUCIONA FORMANDO COMITE MIXTOS,QUE DEBEMOS LUCHAR POR UNA LEGISLACION QUE PENALICE A LOS RESPONSABLES DIRECTO QUE SON LOS PATRONES,QUE CON LA NUEVA LEY DE MEDIOS PUBLICOS PODAMOS CONSEGUIR ESPACIOS PARA LA DIFUSION DE ESTAS PROBLEMATICA,YA QUE EN LA ACTUALIDAD LOS MEDIOS DIFUNDEN TODO TIPO DE ACCIDENTES MORTALES MUY POCAS VECES LA MUERTE DE NUESTROS COMPAÑEROS EN ACCIDENTE DE TRABAJO,EN FIN LEER TU TRABAJO COMO VERAS ME DISPARO TODA LA BRONCA QUE COMO CLASE TENGO,NO ESPERES DE MI UN "PIBE DE BARRIO CON APENAS 6ª GRADO" COMENTARIOS SOBRE EL ANALISIS DE LAS PROPUESTAS TECNICAS,O DE LOS DISTINTOS INDICADORES ETC ETC

SOLO PUEDO HABLAR DESDE LAS TRIPAS

HASTA LA DERROTA FINAL

JAIMITO

domingo, 20 de mayo de 2012

Leer a Luis, a 39 años de la toma de ASTARSA




Transcripción del capítulo escrito por Luis Benencio:
"La forma de la historia
Luis Benencio,
nacido el 11 de febrero de 1944

Cómo los tratamos nosotros a ellos y cómo nos trataron, des­pués, ellos a nosotros. Esa es la gran diferencia ...
De hecho el primer regalo que tuve yo en serio, porque mis vie­jos eran muy cagados de hambre, era los que mandaba el Correo Cen­tral. Mi papá trabajaba en los barcos areneros que van a buscar arena al Paraná y la traen. No eran peronistas politizados. Eran de los que recibían la máquina de coser. Yo tengo una anécdota respecto de eso. Como mi mamá era enferma, estuve internado en colegio de huérfa­nos, cuatro años. Justo cacé el 55, cuando lo echan a Perón y ¿sabés cuál fue el recuerdo más impactante para mí? Cuando entré nos da­ban el traje, nos daban tres platos de comida, estábamos bien, nos lle­vaban al cine, nos llevaban a los circos y ¿sabés lo que me quedó?: que nos sacaron el postre. Me acuerdo que lo que más esperábamos todos los chicos, como chicos que éramos, era el postre. Cuando se fue Pe­rón, se fue el postre. El postre era nuestra expectativa en cada comida.

"El vestuario de los menores es renovado cada seis meses y se incluyen en los menúes aves y pescados, por lo que, desde el punto de vista material, la atención de los internos es suntuosa, excesiva y nada ajustada a las nor­mas republicanas que convienen para la formación austera de los niños".
Informe de la Comisión Investigadora de la "Revolución Libertadora", 1955.

Después en mi vida sucede una cosa inesperada.
Cuando se me terminaron las vacaciones y debía volver a la es­cuela, un vecino le dice a mi viejo y a mi vieja:
-¿Para qué lo van a llevar? Yo le doy laburo.
El hombre tenía una lonería. Así me libré del colegio y lo más hermoso de eso eran las "meriendas literarias". ¿Qué pasaba? Este hombre nos juntaba a los pibes del barrio, paraba ellaburo y nos ha­cía escuchar a Caruso, a Beniamino Gigli, nos leía Schopenauer ... Era un derroche del que ojalá hubiese aprendido un diez por ciento. Era un tipo maravilloso.

Cruzado de historias
El primer hecho político de mi vida fue cuando echan del Hos­pital San Fernando a dos médicos, uno de los cuales había operado a mi vieja y era amigo de este hombre, lo echan por comunistas y no­sotros salimos a juntar firmas y a distribuir un periódico. Debía tener 12 ó 13 años entonces y yo estoy cruzado de peronismo, ni hablemos del PC, pero los argentinos tenemos que ser de una sola cosa, como que no podés tener mezclas, ser de varias procedencias. Pero así es, yo no podría decir que soy puro de algo.

El doble fondo
En el 70, más o menos, un amigo me hace entrar a ASTARSA. Eran astilleros con una gran población trabajadora, alrededor de mil, qui­nientos navales y quinientos metalúrgicos. Dueños eran los Braun Cantilo, dueños del Banco de Galicia. Los mismos de la famosa his­toria de la Patagonia, la historia de la masacre de los obreros rurales en 1923. Además había gente de la Marina. Estaban los Alemann, aunque no figuraban ...
Todos los 24 de Marzo nos reunimos en el Tigre, a las puertas del astillero que hoy son ruinas, para recordar. Y cada año se acerca uno más para recordar el aniversario del golpe de estado de 1976.
En general, cuando te ven, todos creen que estás muerto ...
Los primeros 30 días en ASTARSA consistían en lo que se llamaba la Escuelita. A los que no sabíamos nada, nos enseñaban el oficio de calderero. Se le dice así al que arma el barco. Oficial o, en el caso nuestro que recién entrábamos, Ayudante. Punteábamos. Después viene el soldador y suelda. Punteábamos, cortábamos con acetileno. Con el soplete, íbamos armando las piezas: el barco se arma como un
rompecabezas. Nuestro trabajo era ese gigantesco rompecabezas de hierro.
Los primeros 10 días no sabía si me quedaba o me iba a ir. Es un trabajo muy rudo, donde hay toda una serie de juegos entre laburan­teso Entonces, entrar nuevito es como entrar en la Colimba: que te abrían el cofre, que te sacaban el casco, y que tenías que pedir otro cas­co, que te tiraban la leche o te decían: "Pibe, trae me el martillo de go­ma" ... Algo grosero que te dabas cuenta, pero a veces te pedían herra­mientas que no existían. Era verduguearte.
y no te digo los "doble fondo": pegaban un mazazo arriba y vos estabas abajo, encerrado, trabajando en un cubo de metal y te queda­ba e! oído ...
No es que te tengan bronca. Lo agresivo se mezcla con lo afec­tivo. Es una forma de comunicarse, de limarte e! amor propio y pro­barte como compañero.
Yo no quería perder el laburo. Y ni pensaba en activar.

Contestar mal a propósito
Durante la escuela vislumbraba para mí que algo podía pasar con un par de compañeros. De hecho, uno después resultó del PO (Poder Obrero). Aquello sería una mezcla terrible. Pero en ese mes había que hacerse el tarado. De diez preguntas -me acuerdo- en el examen de ingreso contesté mal una, a propósito.
El problema central que había era las condiciones de trabajo. Y un turno desfachatado de 12 horas por día. De 6 a 6 de la tarde. A las cuatro se iban los que tenían "insalubre". Para nosotros insalubre era todo, pero la Patronal, por supuesto, tenía criterios especiales y se la daba apenas a un 10% del personal. Los acomodados. Teníamos unos delegados muy especiales. El Sindicato (SoIN-Sindicato de Obreros de la Industria Naval) también era especial: arreglado con la empresa. El sueldo había bajado, pero ellos igual mostraban como un triunfo, por ejemplo, las 12 horas ...
Estábamos muy controlados. En el 71 nos reuníamos ya un gru­po de 5 ó 6 compañeros, con la idea de hacer una Agrupación. Había peronistas, un grupo "El Obrero", que después fueron de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). No había integrantes de un solo color. A fines de! 72 vamos a elecciones. Y naturalmente no podía ir ninguno de nosotros, porque nos iban a rajar y no iba a quedar nadie.
Entonces ponemos gente de los trabajadores viejos, la gente que nos parecía decente. Vamos a elecciones y perdemos por 70 votos. En ese momento nos identificábamos como Lista Marrón. Después del 73 años llamamos "Cro. Alesio".

La muerte como norma
Nosotros veíamos que ahí era normal aceptar que cada barco se llevaba una o dos vidas. ¿Qué hacía la Patronal cuando se moría un ti­po? Tocaba el pito, paraba, nos íbamos a casa y, al otro día, volvíamos a trabajar. Eso era todo.
HastaJunio de 1973, cuando un compañero -que se llamabaJo­sé María Alesio, precisamente -en un doble fondo, se nota que se acu­mula gas, tal vez que alguno dejó el soplete, él toca con la pinza y sé quema vivo. Cuando sale por el agujero del doble fondo, peor. Por­que la llama, al agarrar el aire, fue como una fogarata que corría.
Lo llevamos al Instituto del Quemado. Ibamos todos los días desde el Tigre, a vedo. Una buena mañana llega alguien:
-Che saben? Se murió José María.
Ahí se armó el quilombo. Tomamos la fábrica. Tomamos rehe­nes. A todos los directivos de la empresa que estaban adentro, salvo Braun Cantilo que no estaba en ese momento.
El 80% de los compañeros se quedaron con nosotros. Los del Sindicato se fueron: para ellos estaba establecido que era así, que siempre se iba a morir alguien. El Sindicato se llevaba los aportes, las cuotas y descuentos salariales y punto.

Lo primero
Cuando vos tomás una fábrica, lo primero que sabés es que no la querés hacer larga. Porque a la larga, perdés. Y aquí viene la otra parte de esta historia que duró 10 días. Los Montos.
Empezamos a necesitar contactos. Para que no nos repriman.
Los que. estaban cercanos a las FAR, ya estaban en Montos. Nos acer­can diputados, nos acercan fierros, porque algo teníamos que tener para defendemos, nos acercan posibilidad de llegar a jueces. Yo toda­vía no era de la JTP (Juventud Trabajadora Peronista, organización de Masas de Montoneros). Precisamente nosotros empezamos la constitución de la JTP. Estaba Julio Troxler en la Policía de la Provincia de Buenos Aires ...
Cuento todo esto porque si yo cuento que hicimos el conflicto y ganamos y todo eso, es de comboy. Suceden otras cosas alrededor. Todo esto, que no es pavada, idas y venidas, discusiones con los com­_pas, un fragoteo impresionante si lo pensás.
Un Juez se hace cargo de la historia y viene a pedir que libere­mos a los rehenes. Por supuesto, nosotros no aceptábamos, además pedíamos una serie de reivindicaciones:
La reincorporación de todos los despedidos por causas políticas . y el control obrero de la Seguridad e Higiene.

El control obrero
Además de otras reivindicaciones menores. En ese momento es­taba José Otero de ministro de Trabajo, que era dirigente metalúgico.
Entonces viene Otero a la fábrica. Quiere levantar, el muy turro.
Casi lo cagan a trompadas. Sale Otero rajando. Ya veían que no po­dían. Que esto estaba firme y se enfrentaban a una convicción que no esperaban.
No había posibilidad de marcha atrás y la Patronal, que tiene siempre mejor información que nosotros, viene a negociar. Ante la ca­dena de cosas que veía, ante la gente del barrio y no solamente la gen­te del barrio sino los parientes de nuestra gente, que los venían a ro­dear totalmente en la puerta de la fábrica, se da cuenta la Patronal que reprimir le salía políticamente más caro que negociar. La dimensión que aquello había tomado, con los canales de televisión delante, era a cara o cruz. Empezamos a negociar en el Ministerio de Trabajo.
No nos querían dar el control obrero. Pero era una condición si­ne qua non. Y tuvieron que darlo. Se lo ganamos.
Recuperamos a todos los despedidos. Hasta reincorporamos a los compañeros que en el 55 los habían echado por delegados sindi­cales, los viejos les deCÍamos nosotros, uno había sido anarquista, des­pedido en el gran quilombo por las 6 horas del 57, cuando hicieron una toma como nosotros

Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Ca­da lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde. Las lecciones se olvidan. La historia aparece como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las cosas.
RODOLFO WALSH.

pero esa vez los echaron a todos. Ellos nos contaban esa historia, no­sotros la reconstruimos a partir de ahí, de nuestra toma. Me acuerdo que casi todos estaban jubilados ya, pero dos volvieron. ¡y no lo po­dían creer!
Pero aquí está la otra historia que decía.

Jerarquías
Falta una parte en todo esto: yo era un tipo con miedo. Lo cuen­to porque, de lo contrario, armo una imagen y la imagen puede ser buena o mala, pero no aparezco yo en la realidad.
Qué era la violencia para nosotros. Y cómo procedían y proce­dieron después ellos, la Patronal.
Nosotros habíamos apalabrado al concesionario que le íbamos a garantizar el pago por morfi. Y a ellos, les dábamos la misma comida que comíamos nosotros. Algunos de ellos, empleados de jerarquía, des­pués nos reconocieron. Tuvimos una actitud muy humana. A veces ha­bía que parar a los muchachos, que agarraban las motos y las ponían a rugir para hincharles las pelotas. Pero no hubo ni verdugueo, ni juicios, ni nada de eso. Algunos después se acercaban. Te daban datos. Creo que algunos cambiaban de conciencia por haberse reconocido iguales a no­sotros y que sus prejuicios se les iban al carajo. Eso pasa.

Los desconocidos de siempre
En el 74 teníamos que tener nuevamente elecciones. Pero el Sin­dicato, la Burocracia,-interviene y pone gente del CDO (Comando de Organización), de los que intervinieron en Ezeiza. Tipos que todavía andan sueltos, gente muy especial: Rampoldi, que en un tiempo estu­vo de subsecretario de Trabajo en la gobernación con Duhalde. Tenían un tipo de los Servicios dentro de la fábrica.
Es bastante complicado de contar todo después de Ezeiza. En nuestra agrupación había de todo, era como un pacto colectivo. La ma­yoría no éramos peronistas, pero había peronistas simbióticos. Montoneros nos había puesto un responsable, pero nosotros nos respondía­mos a nosotros mismos. Tuvimos muchos conflictos con los Montos. No con JTP, porque JTP lo hicimos crecer nosotros. Porque como éra­mos un conflicto referente, nosotros después estuvimos en FORD, Ma­tarazzo, Terrabusi ... y siempre estuvimos en las tomas. Acompañando y:_demás: o sea que hicimos masa y ramificamos. Cada conflicto se re a­limentaba con el otro, que es lo que más le jode al sistema porque vuelve imparables las reivindicaciones y, cuando te querías dar cuenta, aparecía un montón de gente con la misma sintonía. Eso también te­nía un efecto entre tus compañeros de laburo, que a veces ni siquiera veían bien que nosotros nos fuéramos. En las fábricas es muy impor­tante ir a horario, estar con los compañeros, estar en el baúl un rato. Si a vos te absorbe Matarazzo, por más que estés peleando para que gane Matarazzo, no les importa un carajo. Tienen que verte ahí. Tienen un problema y te quieren ahí. No te perdonan que no estés.
Otra cosa interesante de esa etapa fue cuando me encargo del control obrero. Teníamos que ir al Instituto de Medicina del Trabajo, que funcionaba en la Facultad de Medicina. Salíamos de la Fábrica, y nos íbamos a la Facultad. Y nosotros, claro declarábamos a todo "in­salubre", pero no teníamos la más puta idea de los aspectos técnicos que había que resolver. Después hicimos convenios con la UTN (Uni­versidad Tecnológica Nacional) para que viniera a medir la contami­nación. De manera que había ritmo. La fábrica era la universidad y la universidad, fábrica ... ¡Qué lindo país somos capaces de hacer los la­burantes!

A Ezeiza se iba para una fiesta
Todo eso era JTP y el crecimiento de la JTP fue bárbaro. Lo que pasa es que ellos, los Montos, querían poner responsables directos de la Organización y nosotros no. Y después, la gran cagada de los Mon­tos: meter en acciones armadas a tipos que teníanjetoneo, como yo, a veinte cuadras de tu casa. Nosotros se lo cuestionamos. Aunque te­nían contemplación, porque nos cambiaron como cien responsables. La columna Norte era distinta. Había mucho FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) ahí. Era otra cosa. Todos éramos tan amigotes, que desfilaban los responsables, no nos dejábamos llevar a otros terrenos porque teníamos que defender a nuestros compañeros. Una cosa eran los dirigentes de) Montos que, total tenían cuanta casa querían para guardarse y otra, el compañero que tenía nomás su barrio. Yel com­pañero de buen tipo, iba ...
A Ezeiza se caminó como para una fiesta y volvimos con una masacre. Y 10 mismo tengo que decir de cuando fuimos el 10 de Ma­yo de la Plaza, o mejor dicho: de cuando volvimos. De las puteadas, la bronca, algunos lloraban, viejos y no tan viejos. No lo podían creer de Perón. Que se permitiera eso. Cómo no podían creer que Perón nos echara. Yo sí. Para mí era obvio que estábamos haciendo méritos para que nos echara. La incertidumbre que fue el tiroteo (Ezeiza), los mi­cros que perdieron a la vuelta, fue un quilombo y, sobre todo, la de­cepción. Fue la primera decepción con el Viejo. Un cachetazo.
Nosotros teníamos organizados 500 trabajadores y llevábamos
400.De verdad y sin exagerar, porque no era un mérito nuestro, era el momento. Cuatrocientos te digo de Navales, porque Metalúrgicos de Zona Norte, donde estaba el célebre Minguito y ésos, capaz que ni 50 llevaban. Metimos gente a lo loco. Hasta nos tuvimos que cagar a trompadas y palazos para llegar y que nos hicieran un lugar en la Pla­za de Mayo para ello. ¡y te imaginás que nos echen después!
Después la gente te pasa la factura: ádónde mierda me llevaste? y uno debía dar explicaciones. Pero eran desilusiones de peronistas. No de obreros.
Lo que yo pueda decir de entonces no es nada original.
Extraño la Solidaridad. No éramos un grupo de activistas. Éra­mos amigos. Íbamos a los casamientos, le pagábamos el casamiento al que no podía, nada que ver y muy difícil de contar en este contexto actual. Por eso cuando los comunicadores hablan de la violencia, di­cen que toda violencia es igual, yo me digo que lo nuestro era un ac­to de violencia pero cómo era la violencia de ellos?

El dedo de los patrones
A nosotros antes del Golpe ya nos habían matado a siete compa­ñeros. Las Tres A y todo eso. Cinco navales y 2 metalúrgicos. Además nos habían levantado tres compañeros que todavía no sabemos cómo los salvamos. Los levantaron, los torturaron y los liberamos. De éstos a uno, después sí lo matan: Martín Mastinú, delegado igual que yo de la sección Calderería, este compañero que decía al principio.
La violencia de ellos fue traer patrulleros, carros de asalto, ca­miones con tropas.

Así como al desmoronarse la estructura imperial de Roma, el ejército de cada provincia asumió el gobierno político vacante, a la caída del monarca español, el ejércitO patricio que comandaba Saavedra se hizo cargo del gobierno vacante en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1810. ( ... ) La Revolución de Mayo fue un pronunciamiento militar ( ... ) Del mismo modo, la declaración de la Independencia por el Congreso de Tucumán, el9 de Julio de 1816, fue también una decisión militar. No hubieron mayorías tumultuosas ni sufragistas, sino jefes que decidieron lo que debía hacerse.
JORDÁN BRUNO GENTA (subrayados del propio autor), 1960

Todo en puerta de fábrica el 24 de Marzo. Y levantaron todo lo que podían. Después hicieron todo lo que ya sabemos. Fuimos tortu­rados, matados.
Pero antes de todo eso, fuimos denunciados, nombre por nom­bre, durante dos días que los milicos se instalaron en nuestra empre­sa después del asalto del 24, por algunos de aquellos que tuvimos de rehenes". 

A 39 años de la toma de astilleros ASTARSA

El 30 de mayo de 1973, tras conocer la noticia de la muerte del trabajador José María Alesia (a las 6:55 a.m. según el certificado de defunción) los obreros del astillero, en el marco de una huelga por los sucesivos accidentes de trabajo, deciden la toma de ASTARSA, el astillero naval ubicado en Tigre, provincia de Buenos Aires.


La toma trajo aparejada la constitución de una Comisión de Control Obrero de la Higiene y Seguridad (durante el periodo mayo 1973 - marzo 1976). Esta comisión resultó una experiencia inédita en materia de participación de los trabajadores y llegó a incidir en el control obrero de la producción, en términos de Gramsci, como una fase sindical elemental de la lucha del proletariado contra el capitalismo, mediante la resistencia primero y la ofensiva después.


Gracias a la generosidad y compromiso de los protagonistas sobrevivientes (cabe destacar que de los 24 trabajadores navales de zona norte detenidos-desaparecidos o asesinados, 14 de ellos pertenecían al astillero ASTARSA), se pudieron recuperar parte de los registros de la Comisión de Control Obrero, los actos administrativos emanados desde el Estado y los documentos técnicos del empleador.


Este conjunto de hallazgos tiene un hilo conductor que desemboca en el presente de nuestros días, aún transcurridos treinta y nueve años desde el final de esta práctica, y continúa significando un antes y un después en las luchas obreras en defensa de la salud de los trabajadores.

Links recomendados sobre ASTARSA:

Homenaje a los trabajadores de ASTARSA por el grupo “Namuncurá, los primitos del morales” en:

Experiencia obrera, lucha armada y lecturas de clase, por Federico
Guillermo Lorenz, en: